Llego a casa y saludo a Sexman. Me encanta cómo huele al final del día, justo antes de ducharse. Si pudiera, le prohibiría usar desodorante estos días. Su sudor me excita, su barba que empieza a crecer araña suavemente mis labios cuando lo beso. Y eso me pone, muchísimo.
Sexman se da cuenta, y me lleva al dormitorio. Me echa sobre la cama con suavidad, y empieza a besarme, colocándose sobre mi cuerpo. Intento quitarle la camiseta, pero se niega. Hoy manda él. Yo me dejo hacer, y lo miro con ojos suplicantes, para que me quite la ropa.
Se echa sobre mi pecho desnudo, y siento a través de mis vaqueros que su pene ya está adquiriendo consistencia. Con su peso bloquea mis movimientos, así que me limito a disfrutar de su aroma, que me vuelve loco. Poco a poco, baja por mi cuello besando mi piel, oliendo mi axila izquierda, y lamiendo suavemente el interior de mi brazo. Un cosquilleo recorre todo mi cuerpo. Con su mano izquierda frota mi polla a través de mis pantalones. Presionando con su mano derecha me obliga a mirar a su izquierda, y pasa mi lengua por mi cuello hasta mi oreja. Mientras tanto, juguetea con mi mano izquierda. Se estira y coge un lazo que tiene atado por un extremo al somier y me ata fuertemente la mano.
Se sienta sobre mi abdomen y se baja ligeramente los pantalones para mostrarme su polla, que está dejando caer líquido preseminal. Apoyando las rodillas a cada lado, me acerca su polla y deja una gota de líquido sobre mi barbilla. Intento llegar con mi lengua, pero no puedo. Él sonríe, disfrutando de mi frustración. Levanto la mano que tengo libre para tocarme la barbilla, pero me agarra fuertemente la muñeca, y la vuelve a acercar a la esquina de la cama. Repite la operación con otro lazo que tenía preparado. Ahora estoy a su completa merced.
Sexman se levanta, y se quita la ropa. Empieza a masajear lentamente su polla, y yo no puedo hacer nada, sólo mirar. De repente, se detiene, y sonriendo coge el albornoz y me dice: “Espérame aquí, no te muevas”.
Mientras él está en la ducha, yo espero impaciente, pero no puedo hacer nada por mantener mi erección, así que cuando llega, hay que volver a empezar a animar la cosa.
Sexman se coloca a los pies de la cama, y cuando se quita el albornoz, deja ver su precioso cuerpo desnudo. Es perfecto, no necesita ir al gimnasio para tener un cuerpo como el de algunas esculturas griegas. No marca sus músculos, no está delgado, no está gordo, es la viva imagen de un hombre sano. Sus brazos tienen el grosor exacto y su abdomen plano forma unas suavísimas líneas hasta su pubis rasurado. Mi erección está volviendo, y él lo sabe. Es consciente del efecto que produce.
Levanta un pie y lo apoya en mi paquete, restregándolo contra mis pantalones, excitándome de una manera impresionante. No puedo soportar seguir así, atrapado por la ropa. Sexman sube a la cama, de espaldas a mí colocando las rodillas a ambos lados de mi cuerpo. Me desabrocha los zapatos y me baja los pantalones, sin llegar a quitármelos. Y baja para empezar a darme mordiscos en el tronco de la polla a través de mis calzoncillos empapados en líquido preseminal. Al agacharse, me muestra una visión asombrosa de su ano y sus huevos colgando.
Como leyéndome la mente, se echa un poco hacia detrás para que pueda lamer sus huevos y su ano, pero no su polla, mientras él me baja los calzoncillos con la boca y empieza a chupármela con avidez. Su boca caliente me acerca al orgasmo de una forma increíblemente rápida, pero no me quiero correr todavía. Se lo digo y él se vuelve, colocándose de frente a mí.
Se sienta sobre mi pecho y me levanta la cabeza para que le chupe la polla. Por fin puedo hacerlo, estaba ansioso y aprovecho mi ocasión. Me empleo a fondo, succionando para darle el mayor placer.
Sexman se vuelve a retirar, coge lubricante y lo extiende por mi polla. Se lleva la mano al culo y pone lubricante ahí también. Se sienta a horcajadas, sosteniendo mi polla para que entre en su culo. Despacio, para no hacerse daño, pero sin dudar mucho, acaba por tenerla toda dentro de sí. Empieza a moverse mientras se masturba, y yo lo miro desde mi posición privilegiada.
Continúa su movimiento a veces más rápido y a veces más lento, hasta que me pide que me mueva y le dé yo. Apoyando los pies sobre la cama, levanto mi cadera y vuelvo a bajarla, repitiéndolo tan rápido como puedo. Su cara no da lugar a dudas, le está encantando. A mí también, y sin poder retenerme más, le grito que me voy a correr dentro de su culo. Él empieza a masturbase más rápido, para intentar que nos corramos a la vez.
Yo me voy antes, no puedo evitarlo, pero sigo moviéndome para hacerlo disfrutar. Él, cuando está a punto de correrse, se aleja de mi hasta que mi polla sale entera de su culo, y acerca su polla a mi boca. Me levanta la cabeza y me la mete en la boca justo cuando sale el primer chorro de semen caliente. Me aprieta la cabeza por detrás hasta que ha terminado de correrse, y entonces se retira despacio, dejándome que le limpie bien la polla con mi lengua.
Se echa sobre mí y me besa en el cuello. Yo trago saliva y los últimos restos de semen que quedaban en mi boca. Lo abrazo y le digo al oído: “la próxima vez tendrás que apretarme las manos un poco más”.




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